miércoles, 28 de marzo de 2012

Vientos del pueblo me llevan


 Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.
 
Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy un de pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.

¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.
Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.
Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra;
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

28 de marzo de 1942, Miguel está en la enfermería de la prisión alicantina, encerrado en una cárcel, su avanzada tuberculosis originada por su estancia en diferentes prisiones, está muy avanzada y ya nada podía salvarle de la muerte.

Nunca se rindió.
 "Aunque el otoño de la historia cubra vuestras tumbas con el aparente polvo del olvido, jamás renunciaremos ni al más viejo de nuestros sueños". 
"Quien se para a llorar, quien se lamenta contra la piedra hostil del desaliento,
quien se pone a otra cosa que no sea el combate, no será un vencedor, será un vencido lento."
 
Dicen que murió de tuberculosis, pero en realidad murió a manos de aquellos que le denegaron la libertad, aquellos que querían que Miguel, no saliera de ahí con vida.
 

jueves, 22 de marzo de 2012

Se vende


Ese hombre sale a trabajar,
el otro acaba de entrar,
no tiene tiempo para descansar,
ni para un poco disfrutar.
la vida se esfuma 
entre minutos y horas,
horas vacías de minutos.


En la fábrica horas de trabajo,
repetidos movimientos,
cerrados en una constante,
pensar como seguir adelante,
se acerca fin de mes,
la luz, el agua, el teléfono,
la hipoteca y la alimentación,
termina el día, llorando
llorando por desolación.


Padre soltero, luchando solo,
con un sueldo miserable,
con su hijo sale a pasear,
por lo que ellos llaman ciudad,
ciudad fantasma,
de hombres con cadenas
que sin ser conscientes, arrastran.

Ojean periódicos, tirados,
leen corrupción y cohecho,
recortes y paro,
por todos los lados.

Sociedad de aborregados
por ladrones gobernados,
hacen negocio con la crisis,
roban nuestro dinero,
nos privan de lo público,
sanidad y educación,
son derechos, no gastos.

jueves, 8 de marzo de 2012

Noche de hostal

La mesa, una libreta de vieja tapa de cuero, un bolígrafo sobre ella, un cigarro consumiendose en el cenicero, como el tiempo, lentamente va consumiendose de él, un hilo de humo que asciende, formando figuras, un hombre con cara seria y cansada, lo observa con detenimiento, desde su silla, mira toda su mesa con atención.

Extiende su brazo derecho, coge el cigarro con meditados gestos y aspira una calada, el humo recorre su garganta, se llenan sus pulmones, lo suelta en un largo suspiro.
Junto al cenicero, un vaso reposa, tres hielos y whisky, mientras sigue viendo el humo dispersandose por el aire, toma un largo trago y vuelve a dejarlo todo en la mesa.
Vuelve a coger la libreta, ojea por encima lo escrito y tras una pausa lanza el cuaderno al fondo de la mesa.

La luna junto a la vieja lampara del escritorio alumbran la habitación, el hombre cansado, se levanta de la silla, en su pequeña habitación cerca de su escritorio tiene su sencilla cama, mientras anda el suelo que algún día fue de madera, cruje ruidosamente.
Se deja caer al abismo de su cama, con la luna de testigo, duerme.

Los hielos se convierten en liquido, un dedo de agua mezclada con el whisky, siguen encima de la mesa, rayos de luna entran por la ventana abierta del tejado,  el olor a licores y vino está presente por toda la habitación.

Golpearon la puerta de repente, bruscamente, el ruido se iba trasladando por el pasillo del hostal, golpeando contra todas las paredes, una pelea más. Juan apenas sobresaltado, abre instintivamente el cajón de la mesilla, saca un frasco y le da un trago, tras ello, vuelve a dormir.

En la mesa, sigue la libreta abierta por la mitad, en ella se podía leer:

"Creo que todos tenemos una pregunta que nos dirige. Una pregunta que nos mantiene despiertos por la noche. Una pregunta a la que damos vueltas como un perro que jugetea con un hueso. Si entiendes la pregunta de un hombre, estás más cerca de entender al hombre en si."

"Eso era todo lo que un hombre necesitaba: esperanza. Era la falta de esperanza lo que hundía a un hombre." Charles Bukowski