miércoles, 30 de octubre de 2013

Retales de reflexión

Una botella todavía fría reposaba en el escritorio, se podía decir que estaba medio vacía, era una observadora perfecta de la situación que se presenciaba en aquella habitación.
Nuestro escritor, permanecía sentado en una esquina junto a la ventana, parecía que no hacía nada, pero desde ahí observaba los rayos de luna que se colaban por los pequeños agujeros que dejaba la vieja persiana.

Cuando volvió al escritorio la cerveza ya estaba caliente, la dejo en el suelo y se encendió un cigarro, puso el folio en la máquina de escribir, poco a poco la melodía mecánica que producían sus dedos inundó la habitación y escribió.

"Mi sueño siempre fue tocar la luz de la luna con las puntas de mis dedos, acariciarla suavemente, pero nunca lo he conseguido la atravieso cuando lo intento. ¿Quizás no existo? ¿Quizás sea un ente?.

Me clavo la punta de la navaja en el pulgar, hasta que un hilillo de sangre recorre mi mano, siento dolor.
El dolor no es siempre negativo, a veces te recuerda que estás vivo, yo lo veo como un efecto secundario de vivir y sentir. Siento luego vivo."

Paró de escribir, abrió un cajón, sacó un pañuelo y limpió la barra espaciadora hasta que volvió a su color blanco natural, fue hasta la cocina, buscó un vaso, cogió dos hielos, los echó al vaso y volvió a la habitación por el mismo pasillo oscuro por el que había venido, abrió un armario y sacó una botella de whisky. Echó cuatro dedos, bebió un trago, sacó el folio de la máquina de escribir, hizo una bola de papel y lo tiró a la papelera.

"En mi niñez, solía imaginar como sería mi vida, soñaba con ella y hacía planes. Bendita inocencia de la niñez. Piensas que ahí fuera te espera un mundo diseñado para que tus sueños se cumplan. Quizás sea así, pero desde luego no es tan fácil, a cada paso que das, te espera una decisión.

El problema está en que en cada decisión se manifiesta una parte inconsciente de ti, tú no sabes que existe ese otro Yo, pero él está ahí, siempre contigo, ha crecido junto a ti, en cada herida, en cada tropiezo, él también ha sido herido. Ahora lo arrastras contigo, cada pedacito del ayer te acompaña hoy a la hora de elegir el mañana."